jueves, 15 de septiembre de 2011

De cuando las víctimas aman y protegen a sus maltratadores (El Síndrome de Estocolmo)

Aunque la reacción de cada persona al ser cogido como rehén es única, puede ocurrir que se establezca un tipo de estado psicológico conocido como Síndrome de Estocolmo, que provoca los siguientes comportamientos:
  • Los rehenes empezarán a tener sentimientos positivos hacia sus secuestradores.
  • Los rehenes empezarán a tener sentimientos negativos hacia las autoridades.
  • Los secuestradores empezarán a desarrollar sentimientos positivos hacia sus rehenes.
El 23 de agosto de 1973, dos delincuentes armados con ametralladoras entraron en un banco de Estocolmo, Suecia. Blandiendo su arma, un hombre fugado de una prisión llamado Jan-Erik Olsson, anunció a los aterrados empleados del banco que "La fiesta acaba de empezar". Los dos atracadores tomaron cuatro rehenes, tres mujeres y un hombre. Durante las 131 horas siguientes los rehenes permanecieron atados con dinamita en una cámara acorazada del banco hasta que finalmente fueron rescatados el día 28 de agosto.
Tras su rescate, los rehenes mostraron una actitud curiosa, si tenemos en cuenta que los habían amenazado, maltratado y temieron por sus vidas durante unos 5 días. En sus entrevistas en la prensa fue evidente que apoyaban a los secuestradores y temían a los agentes de la ley que fueron en su rescate. Los rehenes habían llegado a pensar que los secuestradores estaban en realidad protegiéndoles de la policía. Una mujer mantuvo después una relación con uno de los criminales y otra creó un fondo de defensa legal para ayudar con los gastos de la defensa. Evidentemente, los rehenes habían creado un vínculo emocional con sus secuestradores.
El 4 de febrero de 1974 tuvo lugar en Berkeley (California) el secuestro de Patty Hearst, la nieta de William Randolph Hearst, multimillonario rey de la prensa estadounidense. Cuatro días más tarde, su familia recibe una comunicación firmada por el autodenominado grupo terrorista Ejército Simbiótico de Liberación (ESL), en la que se atribuía el secuestro. A manera de amenaza-advertencia, la imagen de una serpiente cobra con siete cabezas adornaba la carta.
Los captores acusaban a la familia Hearst de haber acumulado su riqueza robando al pueblo estadounidense, por lo que debía purgar esa culpa dando setenta dólares en alimentos a cada pobre de California, durante las siguientes cuatro semanas. El valor estimado de la exigencia se calculó, en ese entonces, en 133 millones de dólares. El 3 de abril, a los 58 días del secuestro, el planeta se conmocionó. Una emisora local recibió un casete con la declaración de rebeldía de Patricia: "Estoy libre, pero voluntariamente me he unido al Ejército Simbiótico de Liberación” . Se explicaba en el mensaje que la joven había adoptado como nombre de combate el de 'Tania', en homenaje a la guerrillera que acompañó al Che Guevara en su fatal misión en Bolivia.
Doce días más tarde, cuatro mujeres armadas y un hombre negro asaltaron el Banco Hibernia de San Francisco y se llevaron 10.960 dólares. Las cámaras de televisión del sistema de seguridad registraron todos los detalles. 'Tania' aparece amenazante con una ametralladora insultando a los cajeros. El 17 de mayo, a los 105 días del secuestro, la policía y el FBI localizaron la guarida del ESL en la que se hallaron los cadáveres calcinados de cuatro mujeres y dos hombres. Tomadas las impresiones dentales de los terroristas carbonizados, se concluyó que 'Tania' había escapado. La cadena de delitos en los que ésta se involucra continuará hasta su arresto, el 18 de septiembre de 1975. El Estado norteamericano gastó cinco millones de dólares en su persecución y en su juicio. Su familia, entre tanto, ya había gastado seis millones en alimentos y gastó otro tanto en el pago de los mejores siete abogados de la nación. Las ocho semanas del proceso concluyeron después de 12 horas de deliberaciones, con el fallo del jurado: "Es culpable", pero en febrero de 1979 el presidente Carter decreta el indulto para la última guerrillera sobreviviente del aniquilado ESL. La pesadilla de cinco años exactos terminó para los archimillonarios Hearst y para Patty.


Este estado psicológico de las víctimas en situaciones de secuestro se conoce como el "Síndrome de Estocolmo", término acuñado por el criminólogo Nils Bejerot poco después y a consecuencia de la publicidad que recibió el secuestro Sueco. Pero este vínculo emocional con los secuestradores es una historia que ya era familiar en psicología. Se había observado muchos años antes, encontrándose en estudios realizados con otros rehenes, prisioneros o víctimas de situaciones abusivas como:
  • Niños maltratados.
  • Mujeres maltratadas.
  • Prisioneros de guerra.
  • Miembros de sectas.
  • Víctimas de incesto.
  • Situaciones de secuestro criminal.
  • Prisioneros de campos de concentración.
  • Relaciones controladoras e intimidantes.
El desarrollo de este tipo de vínculo emocional de la víctima con el victimario es en realidad una estrategia de supervivencia. El síndrome de Estocolmo en situaciones de secuestro o abuso se conoce tan bien en estos tiempos que los negociadores de los cuerpos policiales no lo ven ya como inusual. De hecho, a menudo se promueve porque aumenta las oportunidades de supervivencia de los rehenes.  Por otro lado, implica que los rehenes que experimentan un síndrome de Estocolmo no cooperarán demasiado en el rescate o durante el proceso judicial. El personal policial ha reconocido desde hace tiempo este síndrome en mujeres maltratadas que se niegan a presentar cargos, pagan las fianzas de sus maridos o novios, e incluso atacan físicamente a los agentes de policía cuando llegan para rescatarlas de un ataque violento.
El Síndrome de Estocolmo puede también encontrarse en relaciones familiares, románticas o interpersonales. El maltratador puede ser un marido o esposa, novia o novio, padre o madre y cualquier otro rol en el que el maltratador esté en una posición de control o autoridad sobre la víctima.

Es importante entender los componentes del síndrome de Estocolmo relacionados con las relaciones abusivas y controladoras. Una vez que el síndrome se comprende, es más fácil entender por qué las víctimas apoyan, aman o incluso defienden a sus maltratadores. Siempre nos vamos a encontrar con varios de estos rasgos.
  • Sentimientos positivos de la víctima hacia el abusador/controlador.
  • Sentimientos negativos de la víctima hacia familiares, amigos, o autoridades que tratan de rescatarlos o apoyarlos en su liberación.
  • Apoyo a las conductas y sentimientos del abusador.
  • Sentimientos positivos del abusador hacia la víctima.
  • Conductas de apoyo de la víctima, a veces ayudando al abusador.
  • Incapacidad para llevar a cabo comportamientos que podrían ayudarla en su liberación o desapego.
Y, por supuesto, el síndrome no va a aparecer en todas las situaciones de secuestro o abuso. En su desarrollo van a estar implicados diversos factores como, por ejemplo, el tiempo de exposición de la víctima, o sus características previas de personalidad.
Se ha visto que cuatro situaciones o condiciones están presentes y sirven como base del desarrollo del síndrome de Estocolmo. Estas cuatro situaciones pueden encontrarse prácticamente siempre en casos de secuestro, maltrato severo y relaciones abusivas:
  • La percepción de una amenaza a la supervivencia física o psicológica y la creencia de que el abusador llevará a cabo la amenaza.
  • La percepción de cierta amabilidad del abusador hacia la víctima.
  • Ausencia de un punto de vista diferente al del abusador.
  • La percepción de la incapacidad de escapar de la situación.
Veamos cada una de estas situaciones:
La percepción de una amenaza a la supervivencia física o psicológica
La percepción de una amenaza puede generarse por métodos directos o indirectos. Las personas antisociales o criminales pueden hacer amenazas directas hacia la vida de su víctima, a la de sus amigos o familiares.

Indirectamente, el abusador/controlador puede amenazar sutílmente. Dando por supuesto que su víctima nunca podra tener otra pareja. Haciéndola creer que en el pasado hay gente que ha pagado caro el no haberse atenido a sus deseos. Las amenazas indirectas proceden también de las historias que cuenta: cómo se vengó de aquellos que lo han hecho enfadar en el pasado. Estas historias de venganza las cuenta para que la víctima sepa que la venganza es posible si se marcha.
Ser testigo de episodios de violencia o amenazas supone también otra forma de sentirse amenazado. Ser testigo de un estallido violento dirigido a un televisor, a otras personas en la carretera o una tercera persona nos envía el mensaje de que podemos ser el siguiente objetivo de un acto violento.
La percepción de "un pequeño gesto amabilidad"
En situaciones de amenaza y supervivencia, buscamos evidencias de esperanza, un pequeño signo de que la situación puede mejorar. Cuando el abusador/controlador muestra a la víctima cierto grado de amabilidad, la víctima lo interpreta como un rasgo positivo del secuestrador. En situaciones de secuestro criminal o de guerra, a menudo es suficiente con dejar a la víctima vivir. Conductas nimias como dejarlos que vayan al lavabo o proporcionarles agua y alimentos son suficientes para fortalecer el Síndrome de Estocolmo en los rehenes.
En las relaciones de pareja con abusadores, una tarjeta de cumpleaños, un regalo (generalmente tras un periodo de abuso) o un trato especial se interpreta no sólo como algo positivo, sino como una evidencia de que el abusador no es tan malo y puede corregir su conducta en algún momento.
Algo similar sucede con la percepción del "lado blando". A lo largo de la relación, el abusador/maltratador puede compartir información acerca de su pasado: cómo lo maltrataron, abandonaron o abusaron de él o ella. La víctima empieza a pensar que el abusador puede ser capaz de corregir su conducta o, aún peor, ver al abusador como una víctima.
Ausencia de otra perspectiva diferente a la del abusador
En las relaciones de abuso y control, las víctimas tienen la sensación de andar siempre "con pies de plomo", temerosas de decir o hacer algo que pudiera dar lugar a un estallido de violencia. Para sobrevivir, comienzan a ver el mundo desde la perspectiva del abusador. Empiezan a arreglar las cosas que podrían dar lugar a un estallido, actúan de modos que saben que agradarán al abusador o evitan aspectos de sus propias vidas que podrían causar un problema. La víctima empieza a centrarse en las necesidades, deseos y hábitos del abusador/controlador.
La adopción del punto de vista del abusador puede ser tan intensa que la víctima siente rabia hacia aquellos que intentan ayudarla. El abusador por lo general utiliza múltiples métodos para aislar a la víctima de los demás. Cualquier contacto que la víctima tenga con personas que la puedan apoyar es recibido por este con acusaciones, amenazas o estallidos violentos. Entonces las víctimas se alejan de sus familias, temiendo que el contacto familiar pueda provocar más abusos y agresiones en casa. En este punto, las víctimas reniegan de sus padres y amigos, diciéndoles que no llamen y dejen de interferir, rompiendo la comunicación con otros. Empiezan a verlos como personas que causan problemas y que hay que evitar. Muchas víctimas amenazan con denunciar a sus familias y amistades si continúan "interfiriendo".
Percepción de una incapacidad para escapar
En el caso de un rehén de un atraco a un banco, amenazado por delincuentes armados, es fácil entender que perciba una incapacidad de escapar. En las relaciones de pareja, la creencia de que no se puede escapar es también común. Muchas relaciones de abuso y control consideran que el vínculo debe existir hasta que la muerte los separe, atados juntos por temas financieros, familiares, el mutuo conocimiento íntimo o situaciones legales.
¿Qué mecanismo psicológico explica este proceso?
Los procesos dirigidos a la reducción de la “disonancia cognitiva” pueden explicar cómo y por qué las personas cambian sus ideas y opiniones para apoyar situaciones que no son sanas, positivas y normales.
Según esta teoría, las personas tratan de reducir la información u opiniones que les hacen sentir incómodos. Cuando tenemos dos grupos de cogniciones (conocimientos, opiniones, información de otros, etc.) que son opuestas, la situación se vuelve emocionalmente incómoda, así que tratamos de reducir la disonancia modificando o añadiendo nuevas cogniciones (añadiendo nuevos pensamientos y actitudes) o cambiando nuestras conductas. Veamos algunos ejemplos:
-   Los fumadores saben que fumar supone un importante riesgo para la salud, hasta tal punto de que puede llegar producir cáncer de pulmón. Para seguir fumando, el fumador cambia sus cogniciones: 1) ahora fumo menos que hace 10 años, 2) estoy fumando cigarrillos bajos en alquitrán, 3) esas estadísticas están echas por la conspiración de la industria del cáncer, 4) de algo hay que morirse. Estas nuevas cogniciones/actitudes les permiten seguir fumando y culpar a los restaurantes del "acoso" que supone el no permitirles fumar en su interior.
-   Alguien compra un flamante vehículo por 50.000 euros, pero resulta que gasta una gran cantidad de combustible. ¿Qué hacer? Pues justificar el gasto con: 1) es perfecto para viajar (sólo hace un viaje al año), 2) puedo usarlo para transportar cosas (una mesa de café en 12 meses), 3) puedes llevar mucha gente en él (el 95% de las veces va solo).
-   El marido o novio de una mujer se ha convertido en un maltratador. No puede dejarlo debido al dinero, a los niños u otros factores. A través de la disonancia cognitiva puede empezar a pensar: 1) en realidad sólo me golpea con la palma de la mano, 2) ha tenido demasiado estrés en el trabajo, 3) se enfada tanto conmigo porque en realidad me quiere y le importo.
Leon Festinger fue el psicólogo que describió este mecanismo y creó la expresión "disonancia cognitiva". En 1956 había observado cómo los miembros de una secta habían dejado sus casas, ingresos y empleos para trabajar para la secta. Sostenían la creencia de que el mundo iba a acabarse un día concreto a causa de una inundación. Este conocimiento lo habían obtenido los líderes de la secta gracias al contacto que mantenían con seres extraterrestres. Creían que su salvación se materializaría al ser rescatados por los extraterrestres, escapándose en naves espaciales. Así, cuando la hora del fin del mundo llegó, se reunieron y esperaron a ser rescatados por los ovnis. Pero esa hora pasó y ni hubo inundaciones ni aparecieron los ansiados platillos volantes En vez de creer que los habían engañado, tras toda su implicación emocional y financiera, decidieron pensar que sus creencias habían salvado al mundo y continuaron manteniéndolas a pesar del fracaso de la profecía. La moraleja: cuando más inviertas (dinero, trabajo, casa, tiempo, esfuerzo, etc.) con más fuerza necesitarás justificar tu posición.Desde la Psicología Social sabemos que tendemos a desarrollar más lealtad y compromiso con las cosas que son difíciles, incómodas e incluso humillantes. Los rituales de iniciación en colegios mayores, los centros militares de formación, etcétera, producen individuos leales y comprometidos con el grupo. Casi cualquier experiencia dura crea un vínculo.

En muchos casos tendemos a permanecer y apoyar una relación abusiva debido a nuestra inversión en ella. Varios tipos de inversiones nos pueden hacer mantener una relación inadecuada:
  • Inversión emocional: Hemos invertido tantas emociones, hemos llorado tanto, nos hemos preocupado tanto, que creemos que tenemos que seguir hasta el final.
  • Inversión social: Es una cuestión de orgullo, hay que evitar la humillación social y continuar con la relación.
  • Inversión familiar: Si hay niños por medio, las decisiones relacionadas con la relación se ven empañadas por la situación y necesidades de los niños.
  • Inversión económica: En muchos casos, la pareja controladora y abusiva ha creado una situación financiera compleja. Muchas víctimas permanecen en la mala relación esperando una mejoría económica que hiciese su marcha más fácil.
  • Inversión en el estilo de vida: Muchas parejas controladoras o abusivas utilizan el dinero o el estilo de vida como inversión. Las víctimas en esta situación no quieren perder ese estilo de vida.
  • Inversión de intimidad: A menudo invertimos intimidad emocional y sexual. La pareja abusiva puede amenazar con extender rumores o contar detalles íntimos o secretos.
No son sólo nuestros sentimientos por una persona los que nos mantienen en una mala relación, también tienen mucha influencia todas estas inversiones. Las relaciones son complejas y a menudo vemos sólo la punta del iceberg. Por este motivo, la frase más común que utiliza la víctima para defender su relación es "tú no lo entiendes".
Es importante destacar que tanto el Síndrome de Estocolmo como la disonancia cognitiva se desarrollan de modo involuntario. La víctima no inventa todo esto a propósito. Ambos mecanismos se desarrollan en un intento de existir y sobrevivir en un ambiente amenazante y controlador. Su personalidad está desarrollando los sentimientos y pensamientos necesarios para sobrevivir y disminuir el ataque emocional y físico. Todos nosotros hemos desarrollado actitudes y emociones que nos ayudan a aceptar y sobrevivir en ciertas situaciones. Tenemos esas actitudes y emociones acerca de nuestros trabajos, de nuestra comunidad y de otras áreas de la vida. Como hemos visto a lo largo de la historia, cuanto más disfuncional sea la situación, más disfuncional es nuestra adaptación a ella para sobrevivir.
Javier Gómez Segura, 2011

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