lunes, 6 de febrero de 2012

El altruismo y las conductas de ayuda

El estudio del comportamiento altruista fue uno de los objetos de interés de la psicología social desde finales de los años 60. Uno de los principales detonantes de este interés fue la ocurrencia de un hecho real en Nueva York: el asesinato de Kitty Genovese. Una mujer que había aparecido muerta como resultado de una agresión con arma blanca. Resultó que había hasta 12 testigos de la agresión y ninguno hizo nada para ayudar a la víctima. Se generó un amplio debate en la sociedad norteamericana acerca de las causas que podían explicar este suceso. En este contexto Latane y Darley (1970) generaron el modelo del Efecto del Espectador (Bystander Effect), describiendo cómo en situaciones de emergencia, cuantos más testigos estén presentes y estos sean desconocidos entre sí, más improbable será que alguno intervenga.

Se entiende por conducta prosocial aquella conducta voluntaria realizada para beneficiar a otro sin anticipación de recompensas externas (Bar-Tal, 1976). Pueden darse dos casos: cuando el comportamiento prosocial se realiza como un fin en si mismo se denomina altruismo; mientras que, si la conducta está motivada por un acto de restitución, se trata entonces de una conducta que se puede manifestar en dos variedades: como conducta de reciprocidad y como conducta compensatoria. La conducta de reciprocidad tiene que ver con el sentimiento de obligatoriedad, reducir la tensión que genera el haber sido ayudado previamente, y la conducta compensatoria se relaciona con el deseo de reducir situaciones que hacen que la interacción social sea incómoda.

Dentro del conjunto de las conductas prosociales la conducta altruista ha merecido una atención especial por lo que vamos a revisarla más detenidamente.

Probablente la definición más acertada es la que han hecho Macaulay y Berkowitz (1970) que consideran que es aquella conducta que se realiza de manera voluntaria con el fin de beneficiar a otros sin anticipar recompensas de fuentes externas. Efectivamente, hay un cierto acuerdo respecto de las características necesarias para poder considerar que una conducta es altruista:

  1. Que beneficie a otra persona
  2. Que se realice de manera voluntaria
  3. Que se pueda interpretar que la intención de la conducta es ayudar
  4. Que no exista anticipación de recompensas externas
  5. Que socialmente sea reconocida como conducta beneficiosa
Existen varias teorías para explicar las conductas altruistas, todas ellas se basan en modelos de toma de decisiones, a continuación revisaremos algunas de ellas:

La teoría normativa de Schwartz (1977)

Esta teoría mantiene que la conducta altruista estará en función de que se active un sentimiento de obligación moral. El modelo hace una descripción de las fases que se pasan antes de tomar la decisión de actuar o no:

  • Fase de atención: hay alguien que necesita ayuda, pensaríamos en la posible ayuda que podríamos prestar y en qué responsabilidades adquiriríamos con nuestra intervención.
  • Fase motivacional: se activa el sentimiento de obligación moral, el sujeto recuerda la norma de que debemos ayudar, esta norma se considera preexistente, pero si no la tiene podría generarse la misma en la situación concreta.
  • Fase de evaluación: el sujeto evalúa los esfuerzos que le va a suponer intervenir y los posibles resultados de su intervención. Esta fase normalmente puede llevar a tomar la decisión de intervenir.
  • Fase de defensa: surge si en la anterior se decide no intervenir. En esta fase se va a anular el sentimiento de obligación moral, habitualmente negando la eficacia de la posible intervención o negando la responsabilidad.
Este modelo es el menos aceptado. Se le critica el basarse en la existencia de una norma que no todo el mundo tiene por qué tener, además ese concepto de la generación espontánea de la norma de que debemos ayudar es discutible. La hipótesis es difícil de verificar en un laboratorio y plantea demasiadas fases para explicar las rápidas decisiones que tomamos en situaciones de emergencia.

Modelo de costo-recompensas de Piliavin y Piliavin (1969)

Desde este modelo se plantea que enfrentarse a una situación de emergencia activa emocionalmente al sujeto, le produce tensión, la tensión será mayor en la medida en que la emergencia dure más en el tiempo, y en la medida en que el necesitado sea parecido en algo al posible sujeto altruista.

Para reducir la tensión el individuo puede hacer tres cosas:
  • Intervenir y ayudar.
  • Buscar alguien o algo que pueda ser una fuente de ayuda.
  • Huir de la situación.
Lo que hará el individuo dependerá de los resultados de una matriz de costos-recompensas en la que tendría en cuenta cuáles serían los costos por intervenir (tiempo, peligro), por no intervenir (culpa), también valoraría las recompensas por intervenir (satisfacción, reconocimiento) y las recompensas por no intervenir (seguridad, poder hacer otra actividad).


Este modelo ha recibido bastante respaldo empírico. En experimentos realizados en el metro de Nueva York, en los que alguien cae al suelo desmayado y se analiza la conducta del resto de viajeros se pudo comprobar cómo se ayudaba más al individuo que parecía enfermo que al que parecía, por ejemplo, borracho. Los resultados indican que los hombres intervenían más que las mujeres, y, en la medida en que la situación se alargaba más en el tiempo se iba haciendo más incómoda.

Modelo del espectador de Latane y Darley (1970)

Este modelo analiza la influencia de los otros en la iniciación de las conductas de ayuda en situaciones de emergencia. Se define la situación de emergencia como aquella situación en la que hay una amenaza o peligro, en la que no existen normas generales de comportamiento, en la que las personas no saben qué hacer por lo que, ante la carencia de roles definidos, tienden a usar mecanismos de comparación social, no se pueden prever las conductas de los testigos y requieren de una intervención rápida, es decir, no hay tiempo para pensar o consultar con otros.

En este tipo de situaciones, cuantos más observadores haya presentes, siendo estos desconocidos entre si, más improbable será que alguien intervenga. Según el modelo esto se explica por la influencia de los siguientes procesos psicosociales:

  1. La presencia de otros influye en el modo en que el sujeto define la situación. El hecho de que otras personas estén presentes reduce el nivel de ansiedad que se genera, la reacción es más tranquila por lo que se rompe el impulso de la reacción espontánea y se tiende más a fijarse en lo que hacen los demás.
  2. Se produce un fenómeno de difusión de la responsabilidad. La presencia de otros testigos reduce los costos por no intervenir. Esta tendencia a esperar a que intervengan los otros es mayor cuanta más gente esté presente.
  3. Dado que la situación es ambigua, cada sujeto estará esperando la reacción de los otros. Cuando alguno inicie la conducta de ayuda será más probable que otros le secunden.
  4. La ansiedad a ser evaluado puede hacer que el sujeto se inhiba si se siente sin destrezas. Por el contrario, cuando la tarea se domina, la presencia de los otros le impulsa a desarrollar mejor la tarea.
Ninguno de los tres modelos revisados es general y es que prácticamente ninguna conducta puede ser explicada desde una única perspectiva. En el caso de la conducta altruista se pueden ver implicados muchos factores con capacidad explicativa.

Podemos considerar explicaciones procedentes de la sociobiología (recordemos a Dawkins y su modelo del gen egoísta), explicaciones en función de la persona-situación (no hay una conclusión fuerte para decir que un determinado rasgo produzca que una persona sea altruista, más bien se explican mejor las conductas altruistas en función de las características de la situación) y por último explicaciones basadas en la cognición-emoción como las que hemos visto: la teoría normativa (cognitiva), el modelo costos-recompensas de Piliavin (cognitivo-emotivo) o el modelo del espectador (con mayor influencia de factores cognitivos que emotivos).

Javier Gómez Segura, 2008




Bar-Tal, D. (1976). Prosocial Behaviour. Theory and Research. New York: Wiley.
Latane, B. y Darley, J.M. (1970). The unresponsive bystander: Why doesn´t he help? Prentice-Hall.
Macaulay, J y Berkowitz, L. (1970). Altruism and helping behaviour. New York: Academic Press
Piliavin, I.M., Rodin, J.A. y Piliavin, J.A. (1969). Good Samaritanism: an underground phenomenon? Journal of Personality and Social Psychology, 13, 289-299
Schwartz, S.H. (1977). Normative influences on altruism. En L. Berkowitz (ed) Advances in Experimental Social Psychology, vol 10. New York: Academic Press.

1 comentario:

  1. Gracias por la información, podre hacer referencia de ella en mis trabajos

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