domingo, 16 de octubre de 2011

Profiling: El análisis psicológico de la conducta criminal

La comprensión de la conducta delictiva siempre ha resultado algo de gran interés para las personas, tanto desde un punto de vista judicial o policial como desde planteamientos sociales. Así, vemos como el análisis del comportamiento criminal no solo está captando el interés de la literatura y el cine, sino que también se está trasladando al público en general. Pero, como suele ser habitual, los ejemplos que podemos ver en las películas o en las series de televisión son bastante confusos e imprecisos.
La técnica de análisis criminal conocida como “ofender profiling” o “perfilamiento  criminal”, es básicamente una herramienta de investigación elaborada desde principios derivados de las ciencias de la conducta y cuya finalidad es la realización de un perfil psicológico del criminal partiendo del estudio de la forma en que el delito ha sido cometido. Se trata de una disciplina de reciente aparición y, como tal, tiene los problemas característicos de esta circunstancia, es decir, adolecer de una metodología claramente establecida, no disponer en muchos casos de una base teórica suficiente, y sentirse constantemente a prueba.
Cuando hablamos de realizar un “perfil psicológico” no podemos mantener el objetivo de hacer una descripción completa del delincuente. Este objetivo sería poco realista y nos llevaría con seguridad al fracaso. Más bien, se trata de hacer algo parecido a lo que se consigue cuando se hace un retrato robot, es decir, concretar aquellas características esenciales del agresor que nos servirán para elegir dónde y qué buscar. En la mayoría de las ocasiones será más útil para excluir hipótesis que para incluirlas.
Un acto delictivo no deja de ser una manifestación de conducta, desviada de la norma, pero conducta al fin y al cabo, por lo que la tarea del profiler no es más que el estudio de un episodio concreto de conducta humana. Resulta obvio que ésta es, por definición, una tarea propia del área de conocimiento de la Psicología.
Este profesional, por tanto, debe tener una amplia formación en Psicología y, a ser posible, experiencia como investigador criminal. Ser capaz de abordar cualquier escenario sin prejuicios, actuar en muchos casos como elemento de enlace entre diversos elementos de un equipo, disponer de un amplio acervo cultural que le permita encontrar significado a conductas poco usuales de carácter sexual, religioso, etc., y, finalmente, tener la capacidad comunicativa necesaria para transmitir todo esto tanto a los equipos policiales como a los tribunales de justicia.
Tradicionalmente se han venido realizando dos tipos de aproximaciones al estudio de la conducta criminal, una de ellas, desde el ámbito policial, iniciada por agentes del FBI en EEUU, y otra, desde instancias académicas entre las que destaca el trabajo del profesor David Canter de la Universidad de Liverpool (Inglaterra).
El profiling policial se caracteriza por constituir un marco basado primordialmente en la experiencia acumulada por un grupo reducido de agentes del FBI. Estos agentes han participado en numerosas investigaciones, constatando como diversos crímenes mantienen una serie de elementos en común y, además, son capaces de clasificar ese tipo de coincidencias como resultado de un proceso conductual similar desarrollado por los autores de esos actos delictivos. Desde este modelo se desarrolla una clasificación dicotómica entre lo que ellos denominan delincuente organizado (psicopático) y desorganizado (psicótico), y se describen qué indicios conductuales pueden encontrarse en la escena del crimen según el subtipo al que pertenezca el agresor.
Por su parte, Canter señala, refiriéndose a esta visión del profiling, que el hallazgo más importante llevado a cabo por la Unidad de Ciencias de la Conducta del FBI, es establecer que existe un patrón conductual, un molde en el que se inscriben las acciones de los criminales violentos y que en algunos casos esto es suficiente para descubrirlos, aunque también señala, como aspecto negativo, que a pesar de que realicen un gran trabajo recopilador de datos, nunca llegan a plantear o elaborar una teoría o guía sobre cómo realizar un “perfil criminal”.
Desde el modelo británico no se pide al experto que busque en su experiencia anterior elementos coincidentes con el caso actual, sino que en base a sus conocimientos sobre Psicología intente realizar un análisis de los hechos y que, como hipótesis, desarrolle un patrón psicológico descriptivo de los posibles autores.
En este modelo subyace la idea de que el comportamiento criminal no difiere sustancialmente en cuanto a sus características conductuales de cualquier otro desarrollado por una misma persona, constituyendo su elemento diferenciador el transgredir la norma jurídica.
En resumen, podemos decir que la aproximación policial pretende “inducir” en un caso concreto los conocimientos adquiridos en la experiencia profesional. Para esto utiliza un método de razonamiento inductivo que se basa en la comparación de los datos de un caso con los de hechos delictivos previos mediante la utilización de técnicas de procesamiento estadístico.
La perspectiva psicológica pretende deducir un caso concreto utilizando los conocimientos científicos que se poseen, aunque éstos no tienen que haber sido adquiridos directamente en el campo criminal. El método de razonamiento deductivo se centra en los patrones de conducta del delincuente particular utilizando como referente el conjunto de conocimientos científicos sobre la conducta humana.
La realización de perfiles criminales mediante el procedimiento inductivo es una forma económica de producción. Una vez que se dispone de una base suficientemente amplia, se confecciona un protocolo de recogida de datos que permite realizar un proceso comparativo para clasificar el caso en base a su similitud con casos anteriores.
La mayor desventaja de esta forma de realizar perfiles tiene que ver con el hecho de estar basada en generalizaciones de datos procedentes de poblaciones limitadas y no estar específicamente relacionada con ningún caso. La variedad de datos de que se dispone proviene sólo de los delincuentes conocidos y aprehendidos, lo que puede dar lugar a una serie de errores al suponer que los ofensores del pasado son culturalmente iguales que los actuales y que les influye el mismo medio ambiente. Se intenta predecir la conducta humana desde muestras muy pequeñas y no se valoran los posibles cambios en motivación y conducta a través del tiempo.
En el caso del procedimiento deductivo se realiza un análisis independiente de cada caso mediante el que pretenden extraerse conclusiones relativas al mismo. El proceso está condicionado por los conocimientos científicos y culturales de la persona que realiza el análisis, así como su actitud crítica.
Las fuentes de datos serán las evidencias halladas en la escena del crimen, el resultado de los análisis forenses, las declaraciones de la víctima y cualquier otro indicio o dato accesible que provenga de una fuente que ofrezca garantías y, por supuesto, que guarde relación directa con el caso.
El profiler que utiliza este sistema mantiene una serie de asunciones: Ningún agresor actúa sin motivación. Cada agresor individual debe investigarse como si una única conducta y motivación existiese. Diferentes agresores exhiben la misma o similares conductas por razones completamente diferentes. Dada la naturaleza de la conducta humana, la interacción y las influencias ambientales, dos casos nunca son iguales debido a que la conducta humana se desarrolla de una forma única, en un momento histórico concreto y en respuesta a factores biológicos y ambientales concretos. El modus operandi del criminal puede evolucionar con el tiempo, bien por un aumento de su sofisticación o, simplemente, para adaptarse a nuevas circunstancias.
Javier Gómez Segura, 2007

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