viernes, 21 de octubre de 2011

¡Aguantad la situación!

Tenía que escribir algo para esta reunión. Este título no es casualidad: son palabras de una chica a quién no conozco, que me dirige en una carta.
¿Cómo escribir y no ser parte de esto? En esta reunión no puedo presentar un solo caso, porque todos somos "casos", yo también. Estoy llena de tristeza y dolor, me siento ofendida y humillada, llena de cólera. Como psiquiatra debo ayudarme primero a mí, para después poder ayudar a otra gente, debo hablar, contar.
En esta zona he pasado casi toda la vida, viví con esta gente, fui feliz y triste, tenía mi trabajo, me hice abuela. Todo esto para que alguien pueda impedirme ir a mi trabajo; para que alguien pueda incendiar mi casa en dos idas. Y yo, con todo este horror y miedo, mientras el piso superior de mi casa ardía, pensaba: al menos me queda la planta baja. Al día siguiente ardió lo que quedaba. Deje a mis vecinos las cosas que pude salvar pensando que quedaban a salvo, pero les sucedió lo mismo a ellos y todo fue quemado.
Terminé en un oscuro y húmedo garaje.
Murió mi gracioso perro Kastor, mis niños están muy lejos de mí, me han quitado el derecho a ver cómo crece mi nietecita.
Alrededor de mi solo muerte, cuerpos lisiados, caras asustadas, delgadas y con hambre. Nadie sabe de nosotros, nadie pregunta. Todo se pierde, nuestra ciudad desaparece delante de nosotros, todos los edificios se destruyen sin piedad.
Después aparecen cientos de personas asustadas, llorando, casi desnudas, que han sido expulsadas de sus hogares sin nada. Una mujer demasiado asustada, cuenta que fue forzada a hacer un acto sexual con su marido a la vista de "ellos", y después fue violada. Miro el cuerpo de un hombre mayor que trató de pasar el frente con una bandera blanca pero fue asesinado, un periodista que estaba allí rodó todo.
Dicen que hay muchos muertos en el cruce del lado Oeste hacia este lado, son los que fueron expulsados de sus casas y matados por la espalda. ¿Cómo sacarlos de este sitio cuando siempre está iluminado con reflectores como un campo de fútbol? Los cadáveres de muchos de ellos han sido sacados recientemente.
Hay muchos hombres valientes, pero desgraciadamente es muy corta la lista de los vivos. ¿Dónde está mi comandante Stosa?, ¿dónde está Bosanac?, ¿dónde están los otros? Ahora puedo solamente llevarles flores a sus tumbas y recordarles para siempre.
Así día a día, mes a mes, la vida pasaba, perdida en el tiempo. Entre muchas caras asustadas todo va desapareciendo.
Pensé que nunca podría recuperar la confianza en algunas personas. Pensé que todos eran iguales, todos monstruos, todos ciegos y sordos.
Entonces, como si apareciese el sol, me sorprendió la carta de una chica a quien no conozco, una refugiada de Medjugorje. Ella encontró la fuerza y la manera de mandármela. Lo más importante son sus palabras: ¡aguantad la situación!
Esto me ha dado la fuerza para vivir. Hay más gente como ella. Hay gente buena y mala.
Escribiendo de mí escribo de otros muchos. ¿Cómo ayudarles? ¿Cómo ayudar a los padres apenados?, ¿a los niños apenados por la pérdida de sus padres?, ¿a los lisiados?, ¿cómo hacer felices a los jóvenes que son infelices? ¿Cómo ayudar?
Decidme, ayudadme para que pueda ayudar a los demás. ¿Cómo librarse de la tristeza y el dolor?, ¿cómo ayudar al proceso de recuperación?, ¿cómo ayudar a las personas traumatizadas para que sepan que deben vivir en el futuro con paz y tranquilidad y no en el pasado rabioso y triste?
Sin el perdón y el olvido no existe el futuro. Creo que son la base del proceso de restablecimiento. Solíamos decir en muchas ocasiones: "¡Empecemos de nuevo!" Se debe castigar a los criminales para que la gente no se sienta culpable. Pero la mayor carga: poder olvidar, se queda solo para las víctimas. A ellas debemos ayudar para que se liberen del dolor y la rabia y para que puedan vivir juntos en un futuro feliz.  
Mostar, Abril de 1994

(Texto escrito, tras la guerra de la antigua Yugoslavia, por una psiquiatra de Mostar y que iba a ser leído en una reunión que, entre psiquiatras de ambos bandos, organizó “Médicos del Mundo” dos meses después del alto el fuego. La reunión al final no pudo celebrarse al ser suspendida en el último momento por las autoridades bosnio-croatas. El texto fue publicado por Domingo Díaz del Peral (et al.) en “Mostar, ciudad de la luz, ciudad de las tinieblas” Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. 1995, 15 (52), pp 121-123)

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